
Se ve que me traen a escribir las travesuras de Ramón. Nada más. já.
La última:
Fecha: Hace un par de semanas.
Introducción: Tengo por costumbre llevarme una botella de agua al lado de la cama antes de ir a dormir. Mineral. (no puedo tomar agua de la canilla. siento que me estoy tomando un caño y no agua pura como la de pozo que tomé toda mi vida en casa de mis padres.)
Esa noche no había agua mineral.
Había hielo y había agua de la canilla.
Me hice un gran vaso de hielo con algo de agua de la canilla.
Lo puse en mi mesita de luz.
No lo tomé todo. no me gustaba tanto.
Me voy a dormir.
Entra en escena Ramón.
Mi mamá me trae a Ramón a las 7 de la mañana.
Estaba en su casa porque yo me había ido de viaje a San Juan y a La Rioja.
Nos reencontramos.
Nos dormimos otra vez.
De pronto, se levanta. Como si tuviera que hacer algo. Como si lo hubiera despertado un despertador.
Se sube a la mesita de luz. De a poco y acompañado por un MEAAAAU tiraba lo que encontraba a merced de sus pies.
Primero un esmalte, después una cuchara...
después.... como si hubiera sido una elección, volcó el vaso. No lo tiró.
El agua cayó.
Lo puteo, lo bajo de la mesa, veo que no se rompió nada y sigo durmiendo. No había visto que el agua había caído direeectamente en los agujeritos de la zapatilla de electricidad que estaba debajo de la mesita de luz.
De repente, FUEGO.
Ramón: miraba de costado y decía MEAAAU miau MAU
Me levanto casi sin pensar.
Corto la luz. (bien por el disyuntor que no funcionó! clap clap)
Mojo una toalla y de un golpe apagué las tímidas llamas.
Dejo todo como estaba y sigo durmiendo.
Tres días después, compré zapatilla nueva y ordené y llamé al electricista para que viera qué le pasaba al disyuntor.
vino, arregló le pagué y se fue.
Muy simpático Ramón I el Bien Amado.
Hoy, me despido de Ramón una vez más.
ahora si estoy en Ezeiza BOLÓÓÓÓÓ.
Me voy a Paris. por trabajo blabla
Ramón está viajando con mi mamá hasta Pilar.
A cerrar ventanas, a abrir y cerrar rápido las puertas, a cuidar los vasos de agua y esas cosas! pobres mis papás, son lo más... es un estrés tenerlo a Ramón.
Es que si no, no sabría qué hacer con él.
Gracias Padres míos.
Au revoir Ramón
Miau.
